sábado, abril 07, 2007

Destinos inciertos

En el siglo VI a.C. el latín era una oscura lengua itálica, hablada en una aldea del Lacio por apenas unos cuantos cientos de personas. Etruscos, cartagineses y galos, entre otros, estuvieron en un tris de destruir Roma antes de que alcanzara su esplendor, conquistara media Europa y extendiera por ella su lengua. Nadie en aquel siglo VI a.C habría dado un puñado de trigo por aquella lengua. Hoy la hablamos - en sus diferentes variantes: castellano, catalán, gallego, portugués, francés, italiano, rumano, etc. - varios cientos de millones de personas alrededor del globo.

A partir del siglo V d.C. el latín vulgar hablado en la península ibérica se fue diversificando en un conjunto de dialectos con características particulares según la zona. Así surgieron hacia el siglo VII los romances gallego, astur-leonés, castellano, navarro-riojano, aragonés, catalán y otras variantes poco conocidas que englobamos con el nombre de "mozárabe". En una zona comprendida entre el norte de la actual provincia de Burgos y el sur de la actual Cantabria, zona al parecer poco romanizada y con posibles influencias célticas y éuskaras, surgió una variedad de romance con unas características bastante peculiares, que lo distinguían de otras variedades vecinas (astur-leonés, riojano-navarro). De no haber sido por la invasión árabe del siglo VIII, muy posiblemente esta variedad de lengua románica habría quedado relegada a los valles donde surgió. Sin embargo, durante la llamada Reconquista, dicha zona - Castilla - fue ampliándose y ganando en poder militar y político, y con ello el romance castellano se fue imponiendo a otras variedades hasta alcanzar el status que tiene hoy en día, en vez de quedar como una oscura y peculiar lengua románica hablada por unos cuantos hablantes en los valles del norte de Burgos, o desaparecer.

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